Primero anotamos qué se ve: la prenda, el campo, la posición de quienes aparecen, el soporte de la imagen. Recién después viene cualquier lectura sobre el contexto. Si algo no se distingue con claridad, queda dicho así, sin adornos.
Cuando una fecha, un nombre o un resultado no se puede confirmar con una fuente, lo señalamos en la ficha. No completamos vacíos con lo que suena razonable. Preferimos una descripción incompleta y honesta antes que una historia prolija pero inventada.
Una imagen familiar se describe por lo que muestra y por lo que se sabe de su origen. No la usamos para afirmar resultados ni para reconstruir etapas de trabajo que no estén documentadas. Su valor está en lo que conserva, no en lo que le pedimos que demuestre.
Antes de cualquier otra cosa miramos el estado del papel o del negativo y leemos lo que esté escrito atrás. Esas anotaciones a mano suelen traer el dato más valioso: un año, un barrio, un apodo. También anotamos las referencias orales que acompañan al material cuando alguien lo trae.
No publicamos números históricos si no podemos respaldarlos con una fuente concreta. Cuando no hay planillas ni programas que confirmen un dato, lo dejamos fuera o lo presentamos como referencia a confirmar. La memoria del sóftbol comunitario se sostiene mejor sin cifras infladas.
Si querés ver cómo se ordena todo esto en el sitio, podés empezar por la sección de recursos o escribirnos desde la página de contacto para consultar por un material puntual.